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En esta emisión de LA ENTREVISTA CON FRISHITO tuve el privilegio de conversar con la Dra. Normary Gisel Quintero Romero, especialista en neurociencias, neuroeducación y psicoterapia, sobre un tema que nos invita a reflexionar profundamente como padres, madres y sociedad: ¿Tu hijo está pidiendo ayuda y no lo has notado?.
Desde el inicio de la entrevista coincidimos en que actualmente niños y adolescentes enfrentan retos emocionales muy distintos a los de generaciones anteriores. La ansiedad, la depresión, la presión social, el aislamiento y el uso intensivo de las redes sociales forman parte de un entorno que muchas veces los adultos no alcanzamos a comprender completamente.

La doctora compartió que su interés por estudiar el cerebro humano surgió desde la literatura y el trabajo con talleres donde las personas narraban experiencias profundamente personales. Fue ahí donde descubrió la necesidad de comprender mejor las emociones y acompañar de forma profesional a quienes enfrentaban situaciones difíciles.
Uno de los mensajes que más me hizo reflexionar fue que muchas veces los padres interpretamos señales de alarma como simples actitudes de flojera, rebeldía o mal comportamiento, cuando en realidad pueden ser manifestaciones de sufrimiento emocional. Frases como «ya no quiero estar aquí», el aislamiento, los cambios bruscos de conducta o regalar objetos muy importantes pueden convertirse en llamados de auxilio que requieren atención inmediata.
Durante la conversación también conocimos cómo se desarrolla el cerebro en distintas etapas de la vida. La especialista explicó que durante la primera infancia y nuevamente en la adolescencia ocurren procesos fundamentales de construcción cerebral, por lo que el acompañamiento de los padres resulta decisivo para el desarrollo emocional de los hijos.

Otro tema central fue la adolescencia. La doctora explicó que, aunque los jóvenes comienzan a buscar independencia y nuevas figuras de referencia fuera del hogar, eso no significa que los padres deban alejarse. Al contrario, es una etapa donde necesitan mantenerse presentes, establecer límites claros y construir una relación basada en la confianza y la comunicación.
Hablamos también del enorme impacto que tienen actualmente las redes sociales y los dispositivos móviles. La especialista señaló que el problema no es únicamente la tecnología, sino el uso excesivo y la sobreestimulación constante que generan las pantallas, afectando la capacidad de concentración, el autocontrol y la regulación emocional de niños y adolescentes.
Uno de los puntos que más llamó mi atención fue cuando explicó que entregar un teléfono celular para mantener tranquilo a un niño puede resolver un problema momentáneo para los adultos, pero a largo plazo puede generar dependencia, dificultades para regular emociones y problemas en el desarrollo de diversas habilidades cognitivas y sociales.
La entrevista dejó un mensaje muy claro: antes de juzgar el comportamiento de un hijo es necesario aprender a escucharlo, observar sus cambios de conducta y comprender que detrás de muchas actitudes puede existir un problema emocional que necesita atención profesional y acompañamiento familiar.
Al finalizar, la Dra. Normary recordó que una conversación, un abrazo y la búsqueda oportuna de ayuda profesional pueden cambiar el destino de una familia. Un mensaje que, sin duda, vale la pena compartir.


