¡Y que ruede la historia, porque esto ya huele a desenlace… pero de esos que se sienten en el pecho!
Por: Frishito / @Ciudadlocura
Rafael Zarco, nuestro incansable “Ciclista de Fé”, se despide de Guadalupe Piletas con el corazón lleno y la mirada firme. Agradecido hasta los huesos por el cariño de su gente, se monta en su fiel compañera, “La Paloma”, y arranca… porque el camino no espera, y la misión tampoco.

Y vámonos recio… directo a las Cumbres de Maltrata, donde la naturaleza no se anda con juegos. Neblina espesa, de esa que apenas te deja ver a 50 metros… el clásico chipi chipi cayendo como susurro del cielo… y un frío que no pide permiso, que se mete hasta los huesos.
Pero Rafa no se raja. Porque cuando uno pedalea con fe, hasta la niebla se vuelve compañera.

Fueron 3 horas y media de trayecto intenso, cruzando como flecha por Ciudad Mendoza, Nogales y Río Blanco… cada kilómetro una batalla ganada, cada giro de rueda una historia que contar.
Y entonces… aparece Orizaba, la capital del chayote, ese Pueblo Mágico que no solo se mira bonito, se siente bonito.

Ahí, en el majestuoso balneario natural de Ojo de Agua, Rafa encuentra algo más que descanso… encuentra hogar. El arquitecto Diego y la entrañable familia Rendón Bretón —Rafael, Aracely y Kenneth— le abren las puertas con ese calorcito humano que vale más que cualquier hotel de cinco estrellas.
Y como buen mensajero del alma, Rafa no pierde el tiempo: ya tiene agenda llena. Entrevistas con medios, encuentros con creadores de contenido, charlas que no son cualquier plática… son semillas. Semillas de paz, amor y conciencia en esta lucha tan dura, pero tan necesaria, contra el cáncer.

Se queda hasta el lunes 4 de mayo… recargando cuerpo, pero sobre todo espíritu.
Porque esto aún no termina… el martes a las 7:00 de la mañana, puntual como su propósito, Rafa volverá a subirse a La Paloma para encarar el último tramo.

Destino final: el Puerto de Veracruz.
Y ahí… ahí se cierra el círculo. No solo de kilómetros… sino de historias, de abrazos, de aprendizajes y de fe.
Porque en este viaje nos queda claro algo: no importa qué tan densa esté la neblina en la vida… si traes claro el rumbo y el corazón bien puesto, siempre vas a encontrar camino.
Rafa Zarco no solo está llegando a su destino… está dejando huella en cada lugar, en cada persona, en cada historia.
Y eso, compadre… eso no lo borra ni el tiempo.


