Por: Frishito / @Ciudadlocura
Fue uno de esos partidos que se guardan las emociones para el final. El primer tiempo pasó entre forcejeos, mucha pierna fuerte y pocas concesiones. Nadie regaló espacios, nadie quiso arriesgar de más. El fútbol estaba contenido… esperando explotar.
Y explotó en el segundo tiempo.
Capitanes dio el primer golpe. Un gol trabajado, celebrado con rabia, de esos que te hacen pensar que ya tienes el partido en la bolsa. Pero en el fútbol, confiarte es pecado capital. Delfines no bajó los brazos y, con un golpe de suerte, encontró el empate en menos de tres minutos. Silencio en la grada, nervio en la cancha.
El reloj avanzó, las piernas empezaron a pesar y el empate se firmó con un 1-1 que reflejó lo parejo del trámite. Un punto para cada quien. Pero en la Liga TDP la historia no termina ahí.
Llegaron los penales… y ahí apareció el héroe inesperado. El portero de Capitanes se agigantó bajo los tres palos, leyó, esperó y detuvo dos disparos que marcaron la diferencia. Cada atajada fue un grito contenido, cada penal fallado de Delfines pesó como losa.
La tanda terminó 4-2, Capitanes se quedó con el punto extra y cerró la jornada sumando dos puntos, en un partido donde el carácter, la cabeza fría y un arquero inspirado marcaron la diferencia.
Así se gana en la TDP: sufriendo, resistiendo… y atajando cuando más quema el balón.


